sábado, 16 de septiembre de 2017

Empatía

Me detuve y miré el cielo, un cielo común y corriente. No hizo falta ver un inmenso cielo estrellado para sentirme una ínfima mota de polvo flotando en el cosmos. Un cosmos tan vasto e infinito repleto de insignificantes partículas como yo misma. Y a cada partícula, cada mota de polvo si pudiera aumentarla con la lente de un poderoso microscopio, se vería cómo configura en sí misma un mundo, el pequeño universo individual que es cada persona.
A veces olvidamos este detalle, que somos casi nada y nos sumergimos en nuestro propio centro, en nuestros problemas, nuestros traumas, nuestras desgracias y también nuestros aciertos, logros y alegrías, pensando que nuestro mundo es único. Y nos dejamos llevar por la rutina olvidando que al lado nuestro hay flotando otra mota de polvo con su propia realidad y su existencia microscópica, pero única en el universo y que ella también tiene sus vivencias mejores, peores, distintas a las nuestras. Y como esa, hay otra y otra y otra y otra más. Saber abrir los ojos, ver más allá de uno mismo, escucharse, sentirse, tocarse, respetarse, compartir, aceptar y tender la mano al universo vecino eso se llama EMPATIA.

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